El mal aliento de la ballena,  lo que hizo la serendipia y el extraordinario cuento de los príncipes de Serendip

 

Por pura serendipia, navegando la Red me encontré con el siguiente relato, que traduzco y resumo para los lectores de Universo y luego explico lo de serendipia (por si alguno no lo sabe).

 

El mal aliento de las ballenas,

Por Patricia Smiley

En el San Pedro Channel, yendo hacia la isla de Santa Catalina en mi barco a vela, con mar tranquilo y vientos suaves, de pronto sentí un fuerte olor desconocido, mezcla de cloaca y podredumbre.
Revisé las aguas a mi alrededor, y ni siquiera un barco con desechos a la vista.
Se disipó el olor y seguí navegando. Pero volvió y peor. Esta vez, al girar la vista capté algo monstruoso que surgía de la profundidad, era el dorso de un ballena gris.

He visto grandes ballenas grises en el Pacífico, en su migración de Alaska, pero nunca había visto una tan de cerca. Sabía que son las más pacíficas del área y que a veces se acercan a ser mimadas.




 

Son realmente GRANDES y retuve el aliento (literal y  figuradamente) y esperé el desastre. Es que no hace mucho, un amigo se había encontrado viniendo de Hawaii con varias ballenas – orcas, no grises --, una de ellas se había acercado a su barco, lo había chocado y en pocos minutos se estaba hundiendo y la gente había ido a parar al agua.

Mi ballena prefirió alejarse y no me acordé de consultar Google sobre ese mal olor, porque estuve muy dedicada a terminar mi siguiente novela. Hasta que leí en el Los Angeles Times un artículo al respecto, donde constaba la reducción del número de estas ballenas y -- ¡atención! – mencionaba que en el s-XVIII, el marino francés Jean-Francois La Perouse se había quejado de que en la Bahía de Monterrey Bay había encontrado tal cantidad de ballenas grises que la fetidez de su aliento polucionaba el aire.

Pese a mi interés por las ballenas, no sabía lo de su espantoso aliento. Quizá debiera escribir algo sobre el tema. FIN

Yo supongo que debe ser espantoso el hedor bucal de quienes se alimentan de pescaditos y los dejan pudrirse entre las ballenas de su bocaza. Claro, están justificadas las ballenas porque no tienen manos para cepillarse y eliminar las bacterias anaerobias productoras del mal aliento. Decía Camilo José Cela, en una de sus obras: ...le hiede el aliento y no se puede quitar la peste ni con medicinas, eso del mal olor es una desgracia que da asco y también risa...

Y entre risas, supongo que los “ballenos” y las “ballenas” ya deben haberse acostumbrado a la halitosis de sus parejas. Y entonces me sale el alma de sacamuelas a flote y me pregunto por qué no se higienizarán bien quienes tienen manos y cómo los/las soportan sus parejas. Salvo que sea el caso de la Reina Isabel I de Inglaterra, en palabras de Anthony Burgess: en su magnificencia masticaba con dientes quebrados, o tenía conciencia de sus largos años y de sus dientes destruidos, o sus súbditos debían reverenciar su aliento apestoso, sus dientes todos podridos y preciar su eterna juventud (Para nada como el sol)

En fin, si algún navegante de la Red llega aquí aplíquese el factor sagacidad de la serendipia y, si quiere, lea cómo surgió esta palabreja.

                           H. M.


 

           Serendipia, o de chiripa

 

En los campos de la observación, el azar favorece solo a la mente preparada.

                        Louis Pasteur

 

La imaginación es más importante que el conocimiento.

                     Albert Einstein     

 

 Serendipia es el descubrimiento de algo interesante, afortunado, accidental, científico o no, cuando se está buscando otra cosa, gracias a una mente observadora. En 1955, la revista Scientific American lo adopta con acepción de descubrimiento científico casual. Manuel Seco la incluye en su Diccionario del Español Actual, bajo la forma de serendipidad: “facultad de hacer un descubrimiento o un hallazgo afortunado de manera accidental”.

La palabra serendipia ha revivido gracias al actual interés por los hallazgos inesperados y equivaldría a los modismos de chiripa, o de carambola, de uso en parte del mundo hispanohablante, más otro muy corriente en Buenos Aires (que nos sentimos impedidos de repetir por el pudor, y el mal olor). Suele referirse a casualidades o hechos fortuitos, incluso los intrascendentes, pero omiten el factor sagacidad, como figura en el libro “Serendipity. Accidental Discoveries in Science” de Royston M. Roberts (John Wiley & Sons, 1989): “condición del descubrimiento que se realiza gracias a una combinación de accidente y sagacidad”. El traductor se vio ante la perspectiva de traducir el neologismo serendipity como “serendipia”  Su propuesta parece razonable, según el país originario.

[Serendip (árabe), es el primitivo nombre de la isla de Ceilán, hoy Sri Lanka (Lanka, sánscrito, 5000 a.C.). Parece ser que corresponde al nombre persa, tomado a su vez del árabe sarandib o serendib]

No hay que tener la visión simplista de pensar que todos los méritos se deben a la casualidad. La preparación, dedicación y esfuerzo son necesarios en todo trabajo científico. El azar no es nada sin alguien que le de significado a través del conocimiento y el conocimiento es infértil cuando no existe suficiente capacidad creativa.

    [Suele asociarse serendipia con razonamiento abductivo, porque ambos descansarían en la experiencia previa y en el saber (aunque éste sin mucho azar). El concepto fue propuesto por Charles Peirce en la década de 1890. Enfatizó que la abducción es el proceso que realmente crea algo nuevo. Del efecto a su causa, de los síntomas al diagnóstico. Es la inversa de deducción. Es lo que en verdad hacía Sherlock Holmes.* ]

 

Historia.- En la mañana de un 28 de enero, 1754, un destacado aristócrata inglés, Horace Walpole (1717-97), 4° Conde de Oxford, autor de la famosa novela gótica, El castillo de Otranto y frecuentador en París de los mismos círculos que conoció Pierre Fauchard, se sentó a su escritorio para escribir una carta de esas que hacen historia, no historia de guerras ni de imperios, ni historia de espías o conspiraciones, sino historia de las palabras, que son mucho más poderosas. Se trataba de su reciente creación de la palabra serendipity y de su riqueza expresiva.

En la carta contaba a Horace Mann, enviado del rey en Florencia, que había descubierto en un viejo libro veneciano de heráldica lo que Mann le había pedido, hallazgo que atribuyó a una suerte de talismán, lo que un amigo calificaba como sortes Walpolianae, por la cual hallaba todo justo a punto cualquier cosa que fuera que anduviera buscando. “Este descubrimiento es sin duda del tipo que yo denomino serendipity, una palabra muy expresiva que, como no tengo nada mejor que contarle [Walpole escribió una infinidad de cartas], procuraré explicársela: lo comprenderá mejor por la derivación que por la definición. Leí una vez un tonto cuento llamado The Three Princes of Serendip, donde los príncipes en sus viajes hacían siempre descubrimientos por mezcla de accidente y sagacidad, de cosas que no estaban buscando en ese momento; como que por el camino había pasado una mula ciega del ojo derecho, pues había comido el pasto del lado izquierdo, pese a que era peor que del lado derecho... ¿entiende ahora la serendipity? Notable instancia de accidente y sagacidad (pues observará que la cuestión es descubrir algo que uno no estaba buscando...”

Curioso que el ejemplo de Walpole no se adecua a la propia definición (hacían siempre descubrimientos por mezcla de accidente y sagacidad, de cosas que no estaban buscando en ese momento). El modelo es inadecuado, como asimismo es errada la mención de una mula, pues en el muy extenso cuento se habla de un camello, como verá el lector.

A lo serendípico lo pone en juego  muy bien ese excelente autor que es John Barth en su The Last Voyage of Somebody the Sailor (sobre Simbad): “No se llega a Serendip planeando el camino. Hay que zarpar en buena fe hacia cualquier parte y encontrarlo serendípicamente. De serendipity viene serendipitist, o serependitista, como lo ilustra James Joyce in Finnegan's Wake (1939): "You semisemetic serendipitist, you (thanks, I think that describes you) Europasianised Afferyank!" [Genial e intraducible.]

El cuento Los Tres Príncipes de Serendip fue publicado en Venecia en 1557 por Michele Tramezzino, con imprimatur del Papa Julio III. Aunque se lo atribuye a Christoforo Armeno como traductor del persa, es probable que esto sea una invención de Michele Tramezzino. El libro Serendipity and the Three Princes: From the Peregrinaggio of 1557 (University of Oklahoma Press, Norman: 1964), editado por Theodore G. Remer, contiene un texto definitivo de la etimología  de serendipity, la historia The Three Princes of Serendip y la primera traducción directa al inglés.

 

 

EL CUENTO

En los antiguos tiempos, existió en el país de Serendippo, en el Lejano Oriente, un rey grande y poderoso llamado Giaffer. Tenía tres hijos que le eran muy queridos. Y como era muy buen padre y estaba muy preocupado por su educación, decidió que debía dejarles no sólo un gran poder, sino además toda clase de virtudes de las cuales están muy necesitados los príncipes.

Para proporcionarles los mejores tutores, el rey recorrió toda la isla hasta que reunió una cantidad de sabios especializados en distintos campos. Y a ellos confió el adiestramiento de sus hijos, quienes, como estaban dotados de una gran inteligencia, pronto adquirieron los más completos conocimientos en artes y ciencias.

Logrado esto, los tutores lo informaron al rey, quien se mostró escéptico. De tal modo, convocó al primogénito y le informó se deseo de retirarse a un monasterio, y dejarle el mando, a lo que éste se rehusó, e igual hicieron los otros dos hijos.

Asombrado el rey de la prudencia mostrada por sus hijos, decidió enviarlos a un largo viaje para que le sumaran experiencia empírica. Simuló enojo y los desterró de Serendip.

Así, iniciaron su peregrinación y salieron del reino hasta llegar al de un emperador muy grande y poderoso, llamado Beramo.  Allí tienen la mala fortuna de que en el camino un camellero les pregunte si no vieron uno de sus camellos. Aunque no, sí habían observado señales del paso de un camello, y para mostrar su ingenio y sagacidad, le preguntan si el camello era ciego de un ojo, le faltaba un diente y cojeaba. Ante tan precisa descripción, el camellero corre en busca del animal. Al no encontrarlo, vuelve y los príncipes agregan que carga manteca de un lado y miel del otro y era montado por una mujer embarazada. Ante tanta precisión, al hombre no le cabe duda de que ellos fueron los ladrones y los hace apresar. Los liberan después que un vecino del camellero le avisa que el cuadrúpedo fue hallado.

La noticia llega al emperador, quien quiere saber cómo pudieron ser tan exactos en la descripción de algo que nunca vieron. El pasto del camino, dicen, estaba comido del lado izquierdo aunque no era tan bueno; por tanto, no veía el bicho del otro lado. Como había porciones de pasto sin masticar del tamaño de un diente, presumieron que caían por el agujero de un diente faltante. . Las huellas mostraban bien las pisadas de tres tapas y la cuarta se veía arrastrada. Las hormigas abundaban de un lado, el de la manteca, y las abejas del otro, el de la miel. En cuanto a la mujer, dijo el segundo hermano: “Deduje que el camello llevaba una mujer, porque donde se había arrodillado había al lado la pisada de un pie pequeño, porque había orina ahí cerca, porque mojé un dedo en ella y porque tuve una reacción de concupiscencia carnal al sentir el olor y me convencí de que la pisada era femenina. Comprendí que estaba embarazada porque había en el suelo impresiones de manos, indicio de que la mujer había tenido que ayudarse con las manos para levantarse después de orinar, señal del embarazo.”

[A esto sigue el relato de un favor que hacen a Beramo de recuperarle un espejo mágico, que estaba en poder de una Reina Virgen, lo ayudan con una injusticia que hizo con una mujer de la que se había enamorado. Le hacen construir siete palacios y, al modo de Scheherezada, hay siete historias intercaladas. Los cuentos son contados en cada palacio por uno de los siete mejores narradores. De la última narración surge que la amada  desaparecida vive y que ella también lo ama. Se reúnen en un final feliz.]

La extensa y abigarrada historia termina con la muerte del rey Giaffer, sucedido por el hijo mayor. El segundo se casa con la Reina Virgen y el tercero contrae matrimonio con la hija de Beramo.

Como se ve, por pura serendipia, Walpole creó un término sobre bases serendípicas, pero con origen etimológico en un cuento que gesta el nombre aunque NO ofrece azar y sagacidad, sino sólo esta última.

[Contado ha sido y en  largas partes resumido.]

                                                                      H. M.

 

Algunos ejemplos de serendipia

Uno de los primeros casos conocidos es del siglo III a.C. cuando el rey encargó a Arquímedes que descubriera si el orfebre que le había fabricado su corona se había quedado con algo del oro que le había entregado. El problema era medir el volumen de la corona para compararlo con el oro proporcionado. Cuentan que Arquímedes metido en una bañera vio que se derramaba agua por los bordes y, serendipia mediante, comprendió que el volumen de agua desalojado era igual al volumen de su cuerpo. Salió del agua gritando: “Lo encontré” (¡Eureka!). Había encontrado la solución y el Principio que se conoce con su nombre.

Casi en la actualidad, James Walter Christy (1938- ), trabajando en el Observatorio Naval de los Estados Unidos, notó que algunas imágenes de Plutón aparecían alargadas, pero las estrellas en la misma imagen no. Lo atribuyó a defectos del aparato, lo que desechó un mecánico. Esto lo llevó a examinar otras imágenes tomadas a lo largo del tiempo. Mostraron el mismo “defecto.” La única posible explicación es que el fenómeno fuera causado por una luna desconocida orbitando Plutón. Mediante recursos astronómicos y observaciones previas y posteriores, demostraron que el “defecto”era una  luna. Antes de eso se creía que Plutón era mucho más grande, ya que las imágenes de Caronte y Plutón se superponían. Christy propuso el nombre Charon (inglés por Caronte), referencia a Caronte, el barquero del rio Estigia que lleva las almas al mundo de Plutón, rey de los infiernos.

El óptico alemán Hans Lippershey, dedicado a la construcción de cristales de aumento, recibió el encargo del gobierno de Holanda, donde vivía, de crear un anteojo para ver con ambos ojos. Un día, sus hijos, en el taller, cogieron dos lentes esféricas, una cóncava y otra convexa y miraron a través de ellas superponiéndolas. Vieron que aumentaba el tamaño. El 9 de Diciembre de 1608, el inventor anunció que había completado el instrumento binocular. Azar y capacidad, más la incomodidad de mirar con un solo ojo, desembocaron en los primeros binoculares.

En el siglo XVIII, Luigi Galvani describió su primera observación absolutamente accidental de lo que él llamaba "electricidad animal": “Había diseccionado y preparado una rana del modo habitual y mientras atendía otro asunto la dejé extendida en una mesa sobre la que había una máquina eléctrica pero a una considerable distancia de la misma. Cuando una de las personas presentes tocó ligeramente por accidente los nervios de la rana con la punta de un escalpelo, todos los músculos de sus patas se contrajeron una y otra vez, como afectados por intensos calambres”. En lugar de ignorar el incidente no paró hasta reproducirlo. Sus experimentos asentaron las bases para el estudio biológico de la neurofisiología y la neurología.

Hacia el año 1835, Daguerre estaba tratando de fijar una imagen mediante productos químicos. Desalentado porque los productos que probaba no servían, un día guardó todo en el armario. Días después volvió a sacar las placas...y la imagen apareció clara y nítida: el mercurio de un termómetro derramado accidentalmente sobre ellas había obrado el milagro. Su descubrimiento accidental de las propiedades de dicho elemento lo condujo a la invención del daguerrotipo, que fue el primer tipo de fotografía.

Muchos elementos químicos han sido aislados o descubiertos de forma serendípica, como los rayos X y la radiactividad por Becquerel.

La aspirina fue preparada por primera vez para usarla como un antiséptico interno. No resultó efectiva, pero en cambio se encontró que era un valioso analgésico y un antipirético y actualmente es recomendada para prevenir los ataques al corazón.

Como el repetido ejemplo de Alexander Fleming y la penicilina, arquetipo de serendipia.

Otro ejemplo en medicina es la utilización de la nitroglicerina. Un médico que atendía a los trabajadores de una fábrica de nitroglicerina, de Alfred Nobel , en el siglo XIX , se dio cuenta que ninguno de ellos padecía hipertensión. Así descubrió de forma accidental que ese producto sirve para reducir la tensión arterial, hoy día se sigue utilizando en forma de parches adhesivos.

Y es muy nuestro el ejemplo de la búsqueda de una manera de evitar dientes pardos que terminó en el hallazgo del flúor y la lucidez de gente como Rodolfo Erausquin que comprendieron que en dosis apropiadas podría evitar las caries.

Si hasta el mismo descubrimiento de América sería una serendipia, según Robert Boyle. Y el mismísimo dulce de leche, que habría sido, dicen, el producto del olvido de una criada, al dejar en el fuego la leche con azúcar (para una "lechada"). Y así la vacuna, la insulina, la píldora anticonceptiva, el cristal de seguridad, el teflón, el LSD, el nailón, el jabón de Ivory, surgieron asimismo por serendipia, de puro pensamiento e imaginación y ayuda del azar. Repetimos: En los campos de la observación, el azar favorece sólo a la mente preparada. Louis Pasteur

 

                                                 H. M.

 

*Se habla de las deducciones de Sherlock Holmes; en verdad, debe ser considerado un ejemplo notable de razonador abductivo que se deleita con la serendipia. Obsérvese este fragmento del Estudio en escarlata

 

 "Dr. Watson, Mr. Sherlock Holmes" nos presentó Stamford.

"¿Cómo está?" dijo cordialmente, ...."Veo que ha estado en Afghanistan."

"¿Cómo pudo usted saber eso?" pregunté asombrado.

< .... >

"Pareció usted sorprenderse cuando en nuestro primer encuentro le dije que venía de Afghanistan."

"Se lo dijeron, sin duda."

"Para nada, lo supe por mi viejo hábito de pensamiento veloz hasta una conclusión sin tomar conciencia de los pasos intermedios Que los hay. Éste es el proceso: He aquí un gentleman de aire médico, pero a un tiempo militar. Claramente, entonces, médico militar. Llega de los trópicos, pues se lo ve moreno, aunque no es su tinte natural, según el color de sus muñecas. Pasó serias dificultades y enfermedades, como lo dice claramente su rostro agotado. Lo hirieron en el brazo izquierdo. Lo sostiene con cierta rigidez y falta de naturalidad. ¿Dónde podría un médico militar inglés haber pasado recientemente por todo eso? Claramente en Afghanistan. Todo el hilo del pensamiento no ocupó más de un segundo ... "

'Serendipia' y 'abducción' translucen en la frase más citada de Holmes: “¿Cuántas veces le he dicho que cuando haya eliminado lo imposible, lo que queda, por improbable que sea, debe ser la verdad?”


 
                                     
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