TEATRO DEL MES

  “Los Días Felices"

 de Samuel Beckett, protagonizada por Roxana Berco, con Eduardo Florio, y dirección de Lamberto Arévalo. En el Sportivo Teatral, Thames 1426. Tels. / Informes: 4833-3585. Entrada $80. Sábados, 21 hs.

 

 

Los días felices

Obra clásica del teatro del absurdo en dos actos, escrita en inglés por el dramaturgo y narrador irlandés Samuel Beckett. (1961, Nueva York).

 

ARGUMENTO

Cuando se enciende la luz, cegadora, Winnie, una señora de mediana edad, eufórica, aparece en escena semienterrada en un montículo calcinado.  Vive el primer acto con cierto sentido de optimismo: “un nuevo día feliz con un sol resplandeciente,” dice y  señala lo encantador que es el sol, el cielo azul. Paul Verlaine, (Coloquio sentimental) dio el pie para esto y para el título: Ah! les beaux jours de bonheur indicible / Où nous joignions nos bouches! -C'est possible. / Qu'il était bleu, le ciel, et grand l'espoir! (¡Ah, los bellos días de felicidad indecible / en que uníamos nuestras bocas! –Es posible. / ¡Qué azul era el cielo, y grande la esperanza! Se siente feliz porque aún respira. Suficiente para algunos.

En medio de la cháchara incesante, queda claro que un tema central es el deterioro físico y mental. Y los esfuerzos conscientes e inconscientes del ser humano para olvidarse de la inexorabilidad de su destino. “Ser siempre la que soy... y tan cambiada de lo que fui.” Identidades que se componen de un sinfín de diferencias.

El monólogo no interruptus es proferido a veces con entusiasmo, otras apenas susurrado, ensordecedor, inaudible, rápido, lentísimo, y acaba por apoderarse del espectador y sumirlo en un vértigo, llevado de la mano de una actriz sobresaliente, Roxana Berco,  notable e irremplazable, pues no cabe imaginar a otra actriz en el mismo papel.

Verla hundida y hundiéndose, nos hace pensar que cada día damos un paso más hacia la propia inhumación, pensamiento normal en el ser humano que ha perdido a Dios y se hunde en la tierra cada vez más sin darse cuenta. Es un testimonio sobre la miserable condición humana cuyo fin es la muerte.

Su esposo Willie, vive obsesionado por el sexo. Totalmente separado de su esposa, casi invisible detrás del montículo, refleja la futilidad de los apetitos físicos ante lo que nos espera.

El lenguaje de la protagonista refleja con su frágil memoria, aferrada a las cosas, que no se pueden vivir días felices, desde este presente, si conservamos todo el pasado intacto. Beckett le adjudica constantemente citas literarias, que aparecen distorsionadas en fragmentos mal recordados.

Es innumerable la cantidad de citas mal citadas, deformadas, con intención simbólica. Suenan Shakespeare, Herrick, Gray, Keats, Browning, Milton (Salve, sagrada luz, comienzo del 2° acto)" por ejemplo. Las líneas de Racine "Qu'ils pleurent, oh mon Dieu, qu'ils fremissent de crainte," (Cómo lloran, mi Dios, tiemblan de miedo) donde Beckett   cambia “miedo” por “vergüenza.”

De Shakespear está "O what a noble mind is here o'erthrown" (Oh! ¡Qué trastorno ha padecido esa alma generosa!)

 

PUESTA

 

Beckett ha ido detallando cada vez más las acotaciones escénicas hasta llegar a dar datos en segundos y centímetros. La idea que Beckett se hace del movimiento escénico es tan exacta y acertada que los directores de escena y los actores pueden seguir las acotaciones con toda confianza. Todo este mundo que aparenta tener sentido, nos dice,  es en verdad absurdo. El director, el teatrista y filosofo Lamberto Arévalo, logra crear sin modificar las estrictas indicaciones.

 

Por la sartreana mirada del otro, Winnie se apoya fuertemente en la  presencia de Willy, asegurándose constantemente de que él está escuchándola mientras ella no para de hablar.

La manera de Winnie  de escapar a su soledad es adherir fielmente a sus rutinas diarias poner gran cuidado en los objetos inanimados que usa: peine,  cepillo dental, lápiz de labios, lima de uñas, o el revólver que besa. Captándolos como mascotas alivia la ansiedad que siente por su soledad.

Cerrando con palabras del brillante director y una cita de Deleuze: Creemos, con firmeza, que existe un puente entre la filosofía de Gilles Deleuze y la pintura de Francis Bacon. Esta conexión fue una de las principales guías en el abordaje de la puesta en escena y el movimiento de la obra. La importancia primera de la presencia del tiempo; la convivencia de fuerzas visibles e invisibles como la gravedad, la erosión, las temperaturas, los recuerdos y otras, como las visiones místicas de su protagonista.

“Debemos rendir a Beckett, tanto como a Bacon y a Kafka, el siguiente homenaje: han erigido figuras indomables por su insistencia, por su presencia. En el mismo instante en que representan lo horrible, la mutilación, la prótesis, la caída o el fracas, dan vida a un novedoso poder de reír extremadamente directo.” Gilles Deleuze

 

“Los Días Felices”, de Samuel Beckett, protagonizada por Roxana Berco, con Eduardo Florio, y dirección de Lamberto Arévalo. En el Sportivo Teatral, Thames 1426. Tels. / Informes: 4833-3585. Entrada $80. Sábados, 21 hs.

 

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