Dentera

 

 

Eso de que a uno le dé dentera no se oye ya mucho; más bien, lo escuchado es que algo da erizo. Todo es igual y el hecho sigue existiendo y a los dentistas se nos da por decir hiperestesia dentinaria y algunas otras palabrejas para referirnos a esa feísima sensación que atraviesa nuestros dientes y nos da calofríos y que ya mencionaban los griegos y la Biblia, y los árabes, claro.

Historieta. Quien quiera conocer qué es la dentera y cómo evitarla o curarla puede saltear o apenas curiosear la pequeña historia que sigue. En la Biblia (Jeremías 31, 29 y 30) se dice que los hijos no pagarán más por los pecados de los padres, sino que “cada cual morirá por su propia maldad”: “En aquellos días no dirán más: los padres comieron las uvas ácidas y los dientes de los hijos tienen la dentera.”  No es justo que uno raspe la tiza en el pizarrón y otro tenga la dentera.

Los romanos decían congelatio quizá pensando en lo que experimentan los hipersensibles por lo helado o congelado. También mereció el nombre de estupidez de los dientes y de dolor dentario rechinante, como que una de las causas es el rechinamiento de los dientes, que los priva de su esmalte y los deja sensibles por la dentina expuesta a todos los estímulos. Y en estos tiempos de estrés hay cada vez más rechinadores. Hoy los anglófonos hablan de teeth set on edge  y los francófonos dicen  agacements des dents, pero les duele igual que a nosotros.

De cómo llega.  El esmalte que recubre los dientes es insensible; la dentina subyacente es normalmente sensible. Cuando se pierde el esmalte de tanto frotar los dientes o de tanto restregarlos (inútilmente) con cepillos duros o de tanto ingerir líquidos y sólidos ácidos (gaseosas, jugos de frutas, cítricos) o por demasiados vómitos, queda expuesta la delicada dentina. Aunque a las personas muy mayores también se les gastan los dientes, no siempre les da dentera, porque el cuerpo generó defensas. Cubriendo los bordes marrones se les rejuvenece la boca.

De cómo se evita. Los amigos de lo ácido y los bulímicos deben enjuagarse la boca inmediatamente después de haber pasado esa acidez por su boca. Los frotadores deben usar protectores, sencillos y económicos, que evitan el desgaste. Los cepilladores deben abandonar la violencia en la higiene, usar cepillos blandos y técnicas minuciosas, pero no agresivas

De cómo se cura. Hay que remplazar el esmalte perdido con una sustancia aislante, de las usadas para curar las caries, ya con luz halógena, ya con porcelana. Al esmalte desaparecido de los cuellos ahora hipersensibles, se lo remplaza con el composite, como si fuera una caries. Al evaporado de los bordes de los dientes, sobre todo de los inferiores, se les aplica también esa pasta blanca; aunque si están muy acortados hay que recurrir a la porcelana, recubriendo apenas con carillas o apelando a coronas en los casos más graves.

Epílogo culturoso. La palabra porcelana deriva del bajo latín, de porcus que es a la vez puerco y vulva, por el brillo de porcelana de ésta. En inglés, de modo similar, al castellano, italiano y francés, se dice porcelain; lo cual suena muy parecido a purslane, que es el vegetal que nosotros llamamos verdolaga y que, ¡oh, casualidad!, en un tiempo fue recomendada contra la dentera.

 

                 Dr. Horacio Martínez              Dr. Emilio Bruzzo

 

                                                           
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