Por infecciones                

 

 

 

 

No pregunte ¿me habré infectado? Las caries y las enfermedades de las encías son infecciones y, como tales, pueden complicarse o mantenerse como un sordo problema crónico hasta que un día “explota” y sólo entonces se corre a ver al dentista. Eso está mal. Con la simple consulta periódica, menos disgustos, menos gastos.

 

59  Para matar el nervio        La infección por caries no tratada, que llega a la pulpa (“nervio”) y la contamina, ocasiona los tremendos dolores de muelas, lamentablemente tan conocidos. Pasadas las barreras protectoras del esmalte y la dentina, la invasión es rápida y fácil, y se infectan los conductos. Entonces, necesitan un tratamiento que elimine los microorganismos y el dolor intenso, a veces insoportable. Y aunque no doliera, para eliminar la infección.

La desinfección del conducto incluye eliminar los restos de pulpa y dentina infectadas con instrumentos y con la ayuda química del hipoclorito de sodio. Se concluye el tratamiento con la obturación o cierre definitivo del conducto para que no se reinfecte. Esto es, en breve, lo que se solía llamar mal “matar el nervio”. No se mata nada. Con anestesia y con cariño se limpia la infección junto con los restos enfermos del “nervio”, o pulpa dental, conjunto de venas y nervios que ocupa el tubito o conducto  central a lo largo de las raíces dentarias. Los dientes tratados por una cavidad grande de caries terminan rompiéndose y arruinando el tratamiento y la dentadura, si no se los protege debidamente.

 

60  Por infecciones en las raíces        En la boca pueden existir focos de infección que son una fuente de bacterias que pasan a la sangre y generan infecciones en áreas distantes del cuerpo. Tienen origen en pulpas dentales infectadas. Se manifiestan con dolor, “postemillas” (fístulas), hinchazones, etc. A veces no dan ningún síntoma y destruyen en silencio: sólo el dentista y las radiografías pueden descubrirlos. Por eso, el médico consulta al odontólogo en los casos de artritis y órganos afectados por los focos de infección, como los riñones o el corazón. Ante una duda, vea a un dentista de su zona, que podrá identificar el foco infeccioso y tratarlo. Con dolor, es más fácil hallar el foco. El problema está cuando no duele: hay que insistir hasta encontrar el origen de la infección focal.

La infección de los ápices o puntas de las raíces dentarias sin tratamiento de conductos se presenta con distintas formas y nombres. A todos, al solo efecto de entenderse con el paciente, se los llama “quistes”, aun cuando apenas un bajo porcentaje corresponde a verdaderos quistes. Esa infección focal o foco infeccioso puede ser un absceso, un granuloma o un quiste. Mediante exámenes radiográficos, se identifican los diferentes “quistes” El quiste verdadero es una cavidad, más la cápsula que lo rodea y su contenido. Están asimismo los abscesos y granulomas que son tejidos inflamatorios crónicos típicos, que suelen curar con un buen tratamiento de conductos o endodoncia. En casos rebeldes es preciso complementar con una cirugía menor con extirpación directa (apicectomía) y algún otro recurso para evitar la extracción en todo lo posible. Un buen dentista no pensará en extracciones como primera opción.

En cambio, el tratamiento de los verdaderos quistes es quirúrgico, según su tipo y localización. Su remoción conservadora preserva las estructuras adyacentes. Lo más importante es la identificación exacta del tipo de quiste para seguir el mejor procedimiento y lograr su cura definitiva. El tiempo sólo hace que un quiste aumente de volumen y demande una intervención mayor. Si los quistes son pequeños, como en la mayor parte de los casos, las intervenciones son realizadas por su dentista habitual y el tiempo que se demora es el de una consulta común, difícilmente superando una hora.

 

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