SE TE VE EL DIENTE POSTIZO                                                                                                 

 

 

Un gran problema con los dientes postizos lo plantea la persona añosa que pretende tener los dientes como en su lejana juventud. A la legua se le ve que su reluciente, perfecta y blanquísima dentadura es suya sólo porque la pagó. Para colmo, cuando el odontólogo sugiere que los dientes no tan parejitos ni tan blanquísimos son más naturales, no le creen, pues ¡suponen que un poco oscuros y algo torcidos son más baratos! 

El odontólogo debe tomarse todo el tiempo necesario para explicar esto, mostrar imágenes si fuera posible, y otro poco más en la etapa de prueba de los futuros dientes. El paciente debe opinar. No tiene que mirarse apenas y dar un rápido visto bueno. Es menos útil protestar cuando la dentadura está ya terminada.

Está bien sugerirle a la paciente que mire por ahí bocas de personas mayores. A las que les noten los dientes postizos, apuéstele que son muy blancos y muy derechitos. Al adulto mayor que no parezca tener dientes postizos, le verá una boca con dientes de un tono mayor que el de los chicos y no tan perfectos, y quizá con los bordes gastados por el uso. En ese caso, o son naturales, o son artificiales hechos con inteligencia de parte del paciente y del odontólogo.

El odontólogo prudente y experimentado no se da por satisfecho con el amable "usted sabe mejor" de algunas personas. Prefiere dejar a los pacientes solos durante largos minutos, con el espejo en la mano y los dientes en la boca. Y aun les sugiere posibles defectos, y subraya que la mejoría significó un gran cambio... por positivo que sea. Es que cuando una persona se llevó encantada sus dientes nuevos y vuelve al otro día con la opinión negativa de sus familiares y amigos, al dentista le dan ganas de colgar sus instrumentos y dedicarse, por ejemplo, a la meditación yoga.

La advertencia del cambio a veces logra amortiguar el inevitable comentario de los familiares: "¡Qué feo, parecés otro!" Estaban acostumbrados al feo cuadro de los dientes arruinados o mal ubicados o muy gastados y de pronto les llega una nueva madre, padre, o abuelo, como una pinturita, mucho mejor... ¡pero distinto!

Es un momento difícil cuando llega el paciente con esta queja. ¿Cómo explicarle, algo tarde, que es un cambio para mejor? La familia pesa mucho. Pero debe usted recordar, señora, que usted quiso un cambio, y para mejor. Que la mujer que se modifica la nariz también está cambiada. Para mejor. Pero cambiada. El cambio es para mejor, si está bien hecho, si está bien conversado.

         

Dentaduras desquiciadas   de las que "vuelan" y de las otras.

En la novela El amor en los tiempos del cólera, del conocido García Márquez, hay dentaduras que vuelan desde una boca hasta las aguas del río. Es que existen dentaduras firmes y dentaduras voladoras; hay de las que se notan postizas a la legua y otras que no se distinguen ni en la mayor íntimidad.

A las dentaduras artificiales se les nota lo postizo... cuando se les nota. Y cuando no, no. Y se caen las que se caen, y no las que no se caen. Todos los pacientes están preocupados porque a Fulanita se le notan los postizos dentarios y a Zutanita se le caen cuando habla. ¡Cuántas amigas estarán usando prótesis completas que ni se lo imaginan! No saben los progresos científicos habidos con las llamadas "bocas difíciles".

También hay pacientes difíciles, jóvenes y mayorcitos. La persona aún joven que tiene problemas con su dentadura, en verdad lo que tiene es que temor a un signo de vejez. Descarta dentista tras dentista, prótesis tras prótesis y se satisface únicamente el día en que se puede colocar sólidos implantes, si tiene con qué pagarlos. El problema de estas pacientes no es protético sino psicológico, de ahí los implantes (cada vez menos costosos).

La persona mayor difícil suele tener problemas reales con la dentadura, que la odontología actual resuelve. El tiempo quizá "no le dejó encías", o las dejó fláccidas, colgantes, o con hueso insuficiente en una parte y exagerado en otra, en fin, defectos anatómicos -hasta de nacimiento-, y muchas cosas más. Casi todo esto puede ser corregido con cirugía previa a la dentadura definitiva.

Juan Manuel de Rosas, con todo su poder sin límites, tuvo serios inconvenientes con sus dentaduras postizas. Pero han pasado unos cuantos años y ya cualquier vecina puede vivir feliz con dientes nuevos y no tiene necesidad de ponerlos en el vaso de agua.

"El dentista está obligado a construir las mejores dentaduras posibles, aun cuando es preciso reconocer que las dentaduras no pueden ser mejores que sus bases de sustentación". Hay mil maneras quirúrgicas, o no, en que se pueden corregir los defectos de las mandíbulas. Todo es cuestión de buena voluntad de ambas partes, paciente y odontólogo. Por ejemplo, hasta se acepta que debajo de una dentadura postiza completa queden algunos dientes o raíces, cuando la persona se resista a la extracción de los que considera últimos restos de juventud. Esto siempre que esos dientes y raíces se conserven en estado de salud y que no interfieran en la estabilidad de la prótesis.

Los materiales de última generación que se emplean para tomar las impresiones, o moldes, dan resultados perfectos y tienen hasta gusto agradable, aunque pudiera ocurrir que el resultado final tenga algún defectillo que deba ser corregido. Esto está previsto y, según la dificultad de la boca, el odontólogo asigna sesiones posteriores a la entrega para hacer los retoques que sean necesarios.

Actualmente, cuando los maxilares son muy difíciles, se pueden implantar dos sustitutos artificiales, nada más, en el lugar de los caninos, para después abrocharles la dentadura. Es eficaz y no encarece tanto los dientes nuevos...y no voladores.

Dr.HoracioMartínez

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